Blixwerk

Primera factura freelance: no sé qué poner (plantilla gratis)

2026-10-14

Estás en la cola de la panadería, un miércoles a las 12:10, con el móvil en una mano y el ticket de turno en la otra. Vibra un mensaje de WhatsApp.

«Hola Lucía, el proyecto me encanta. ¿Me mandas la factura cuando puedas? Gracias.»

Le das un pulgar hacia arriba con la mejor naturalidad que puedes fingir. Por dentro, algo se encoge.

Es tu primera factura. La primera de verdad, a un cliente de verdad, por un trabajo que ya está entregado.

El documento en blanco

Vuelves a casa con el pan y abres el portátil sin quitarte la chaqueta. Documento nuevo. El cursor parpadea.

¿Qué se pone ahí arriba? ¿«Factura», «Invoice», «Factura n.º 1»? ¿Y si el uno queda raro, como si confesara que acabas de empezar? ¿Pones tu nombre completo, tu dirección, algo más? ¿Y la línea de los impuestos? ¿Va antes o después del total?

Abres una pestaña. Luego otra. Ves ejemplos de facturas de empresas grandes, con logotipos, columnas y letra pequeña que no entiendes. Ves un vídeo que dura catorce minutos y empieza diciendo «depende». Cierras el vídeo.

El pensamiento que no le cuentas a nadie es este: «Si me equivoco, se darán cuenta de que no sé lo que hago.»

Lo que cuesta no saber

No es solo un papel. Es que llevas tres semanas diciendo «soy ilustradora freelance» con la voz un poco más baja de lo normal, como quien pide perdón. Y ahora hay que ponerle un número a eso, con fecha y con tu nombre abajo.

Así que haces lo que hace casi todo el mundo: lo dejas para después. Lavas los platos. Contestas dos correos que no corrían prisa. Miras Instagram «cinco minutos».

A media tarde piensas que mañana, con la cabeza más fresca. Mañana piensas que el viernes. Mientras tanto, el trabajo ya está hecho y entregado, y el cliente, que fue amable y puntual, espera sin saber que tú estás atascada en una tontería.

Lo que se pierde en esa espera no se ve en ninguna cuenta: la tranquilidad de un miércoles normal, el orgullo de haber terminado un encargo y un cobro que podría estar ya en camino. Todo se queda parado detrás de una casilla vacía.

La pregunta pequeña

Entonces recuerdas algo que dijo una compañera de un grupo de diseñadores, medio de pasada: que ella no empezó desde cero, que usó una plantilla sencilla y fue rellenando.

No es magia, piensas. Es solo que alguien ya decidió dónde va cada cosa, para que tú no tengas que adivinarlo a solas un miércoles por la tarde.

Buscas «primera factura freelance plantilla gratis» sin demasiada fe. Esperas otro laberinto. Pero lo que encuentras es un archivo de Excel limpio, con huecos claros: tus datos, los del cliente, el concepto, el importe, una línea para los impuestos y una fecha de vencimiento. Ya trae el total calculado, y está pensado para imprimirse o guardarse en PDF.

No te explica nada con tres pantallas de teoría. Simplemente te deja escribir. Y de pronto la pregunta enorme, «¿qué pongo?», se convierte en preguntas pequeñas que sí sabes contestar: ¿cómo te llamas?, ¿qué hiciste?, ¿cuánto acordasteis?

(Una aclaración honesta: el archivo está en inglés, así que tendrás que traducir un par de etiquetas a tu manera. Se hace en un minuto.)

Un jueves cualquiera

Imagina cómo sería el día después.

Te levantas, preparas el café y abres el portátil sin ese nudo en el estómago. La factura ya salió ayer. La enviaste con un mensaje corto y amable, sin disculpas ni explicaciones de más: «Hola, te adjunto la factura del proyecto. ¡Gracias por la confianza!»

No se acabó el mundo. El cliente respondió con un «recibida, gracias», y ya está. No hubo ningún examen.

En la esquina de tu pantalla hay una carpeta que antes no existía, con el archivo guardado y un nombre que entiendes. Para la próxima factura, solo cambiarás los datos. El número dos ya no da vergüenza: es lo normal.

No te sientes una experta en facturación, y no hace falta. Lo que sientes es algo más sencillo: que tu trabajo tiene un cierre digno. Que hay un último paso, que sabes cuál es y que puedes darlo.

Y ese miércoles de panadería, con el cursor parpadeando, ya queda un poco lejos.

Para quien se reconoce

Si estás ahora mismo frente a un documento en blanco, con un cliente amable esperando y la sensación de que todos los demás nacieron sabiendo esto, no pasa nada. Casi nadie lo sabía la primera vez. Simplemente alguien les dio un punto de partida.

Este es el nuestro, por si te sirve: Know Your Rate – Free Freelance Rate Calculator + Invoice Template (Excel). Es gratuito (tú pones el precio que quieras, también cero). Incluye una calculadora para ver tu tarifa mínima por hora y por día, y una factura limpia e imprimible con totales automáticos, línea de impuestos y fecha de vencimiento.

No sustituye a un asesor fiscal ni te dice qué debes declarar: eso lo decides tú con quien corresponda. Solo te ayuda a que el papel deje de ser el obstáculo.

👉 Descarga la plantilla gratis aquí

Una historia ilustrativa, escrita con ayuda de IA.

¿Te suena? Know Your Rate – Free Freelance Rate Calculator + Invoice Template (Excel) – Find your minimum hourly and day rate, then send a clean printable invoice. Excel workbook with auto totals, tax line and due date.

Ver la plantilla (en inglés)